Desde aquel insólito encuentro con la dama de la telaraña en el túmulo de los Alba Pellejo había observado como por las noches soñaba con un ser que se le presentaba como
Coniuratio, aunque no podía percibir su forma podía sentirlo por otros medios no sensoriales solo posibles en el reino onírico.
Le urgió sin saber porqué también una necesidad sobrenatural de visitar la costa quebrada en concreto la ciclópea y barroca ciudad de Xenothok que se encontraba a tan solo unas millas del poblado boscoso del Karl.
No le fue difícil el hecho de abandonar el poblado esos días pues andaba la cosa tranquila con los Eldaris y la ruta comercial entre Xenothok y el Baluarte del centro peninsular estaba calmada por aquellos días.

Lejos quedaban aquellos tiempos donde se vertía la sangre de ambas razas por los pantanos y neblinosos pinares del bosque boreal de Glain desde que se firmara el acuerdo de la paz silvana que permitía los comerciantes pasear tranquilamente por aquella ruta.
Partió de noche, raudo hacia la ciudad costera.
Se trataba de un viaje formidable a pesar de la cercanía pues era un terreno especialmente abrupto el que cubría la mayor parte del trayecto. Primero la parte pantanosa y llena de saqueadores del bosque y luego los afilados acantilados de la Costa del Escudo.

Como marcaba la tradición, se encomendó a Mitra a Tyr todos los dioses de la guerra como se venía haciendo desde tiempos inmemoriales en la mannerbünde, en un ritual que aunque prohibido por persecución eclesiástica de los rectos se había mantenido. Cogió esta vez una moneda de plata conseguida en una sucia reyerta en un poblado de las tierras ariscas que había despojado de un cadáver al que el mismo había degollado. Ofreció el regalo al espiritu del fuego y este se mostró indeciso y misterioso dibujando extrañas formas y adquiriendo un color purpureo que Pellejo no supo interpretar muy bien.
Había aprendido hace poco el ritual del sigilo del terror y no dudó en usarlo para protegerse durante el viaje, más bien aquello le había venido solo en una visión onírica después de consumir aquellos hongos de Kutul en un ritual de berseker… impregnaba su cara su propia sangre la de un sacrificio o el enemigo y mientras visualizaba con el ojo de la mente aquel sigilo inefable sus ojos adquirían una tonalidad rojiza y bestial mientras que su semblante parecía el de un hombre más mayor y más curtido con cierto toque infernal peludo y animalesco, no se sabía mucho mas acerca del sigilo del terror era una vieja tradición ritual que solo le funcionaba a algunos y la liturgia se llevaba acabo sin saber el contenido de lo que se decía.

Pellejo avanzó por el sendero de roca y musgo, la brisa salada de Xenothok ya acariciando su rostro. El camino se estrechaba entre acantilados, donde las sombras parecían moverse más rápido que él.

El aire vibraba con un zumbido lejano—como si miles de telarañas invisibles resonaran al mismo tiempo. Un destello plateado cruzó su visión periférica: una araña del tamaño de un dedo pulgar trepa por su brazo… pero no había araña.

En la distancia, los faroles parpadeantes del puerto se reflejaban en aguas negras como tinta vieja. Alguien le susurró desde las grietas entre las rocas:_ “Xenothok no olvida…” Pero cuando Pellejo giró hacia el sonido, solo encontró huevos secos pegados a la piedra—cascarones rotos hacía ya mucho tiempo.

La noche cubría la costa mientras Pellejo se abría paso ya por los callejones de Xenokoth sinuosos y mal iluminados por candiles flotantes hechizados que iluminaban las calles de un tenebroso tono rojizo. Aunque la sombra protegía su identidad, no pudo escapar a los murmullos y miradas furtivas que le seguían como una nube de moscas. En las esquinas, grupos de figuras encapuchadas cuchicheaban en voz baja… y se detenían repentinamente cuando él se aproxima.

De repente, un mendigo lo agarró por el brazo con fuerza alarmante.

¡Aparta tu asquerosa cara de mí! dijo el joven que ya se conocía las tretas de las gentes de aquel lugar podría intentar violarlo o coser a puñaladas o algo así pensó el joven.
Le incrusto fuertemente los nudillos en la cara deformando su horrible rostro en algo mas difícil de contemplar todavía y adornándolo con un rio bermellón que nacía desde el entrecejo y desembocaba en un mar de dientes rotos, repitió varias veces la operación y lo dejo allí quejándose y retorciéndose.
Al cabo de un rato se percató de que el mendigo en la trifulca le había robado algo de sus pertenencias algo valioso…

Pellejo buscó frenéticamente entre sus bolsillos, su frustración aumentando a medida que se daba cuenta de que le faltaba algo valioso. ¿Su daga? No, ahí estaba, bien protegida en su cinturón. ¿La bolsita con opio y yerbas curativas? Tampoco, la sentía intacta en su bolsa.

Entonces fue cuando sintió una punzada de pánico:_ ¿El saco?

Pellejo registraba sus pertenencias con urgencia, los dedos tamborileaban contra el cuero de su bolsa. Algo no encaja el saco que la Orden le dio estába finalmente ahí… pero parecía más pesado_ Como si hubiera echado raíces en la tela.

De pronto, un silbido agudo cortó el aire detrás de él. Una figura encapuchada emergió de las sombras del callejón, arrastrando una pierna torcida y un rostro destrozado tras una paliza (la misma a la que Pellejo golpeó hace rato). Su boca un pozo negro de icor burbujeante cuando hablo le dijo:_
“Ese regalo no te pertenece… ni a ellos.”

Antes de que pueda reaccionar, otros tres mendigos se levantaron como marionetas rotas alrededor suyo—todos con rostros deformes por golpes idénticos a los suyos. Le emboscaron tomo su mandoble y lo desenfundó a toda prisa contra aquella terrible abominación y rápidamente tomo la iniciativa, le asestó un estoque con bravura a una figura que pareció desvanecerse en el aire y al alzar de nuevo su arma al darse la vuelta para dejarla caer violentamente sobre otra de estas criaturas secciono en dos al que parecía ser el verdadero mendigo a deducir por el volcán de vísceras y tripas que le produjo el golpe junto con el grito que acabo siendo un gorgoteo de sangre verde que chorreaban como una fuente de la criatura.
Aparecieron cuatro mas de estas bestias mientras jadeaba exhausto por la terrible batalla no tuvo más remedio que echar a correr e intentarse perder por los oscuros pinos que se extendían mas por un descampado de la ciudad…

Resultaron ser un errantes dimensionales, una repugnancias cósmicas que detectaban la magia y el conocimiento por todos los planos del gran árbol y vagaba por ellos en busca de víctimas,
hizo bien Pellejo en mostrarse así de recio con aquel mendigo pues de haber entablando tema alguno de conversación este le hubiera llevado con el a su plano natal infernal o a otra dimensión más terrible, no tuvo tiempo en el momento de pensarlo pero también sintió temor al hacerse la pregunta de que por que buscaban el saco aquellos seres…

Continúo avanzado sin saber muy bien a donde iba, algo aturdido por este último encuentro y percibió un extraño escozor en su brazo izquierdo, cuando miró para ver de que se trataba lo que vio le causó más sorpresa todavía pues esperaba encontrarse con algún rasguño del encuentro con los errantes pero no fue así si no que en su lugar encontró dos pequeños agujeros rojos como la mordida de un pequeño insecto…

El clima nocturno de Xenothok era decadente y opresivo, de desconfianza generalizada y era fácil ver la represión con la que la confederación mercantil de piratas estaba abusando de la autoridad tradicional a base de sobornos y amenazas. Y Pellejo tenía la sensación de que la ciudad estaba cubierta de telarañas todo elrato apenas visibles que tenía que ir apartando con la mano Al pasar por el puerto le pareció a Pellejo que este estaba inquietantemente silencioso y mientras se fijaba en un cartel de una taberna del pueblo donde ponía hambre con runas de un futhark común parecieron deformarse hasta construir la palabra sangre…

Estaba perplejo y cuando parpadeó y volvió a a abrir sus ojos vio con asombro que ante el ya no se extendían las calles de Xenothok si no un enorme espacio ciclópeo de piedra verdosa que resplandecía con una extraña luz antinatural de unas betas cristalinas que reflejaban por lo que pudo ver escenas de pasados remotos y extrañas visiones de cosas que no podía comprender.

Embriagado por la situación Pellejo avanzó cortando con su mandoble extrañas mandragoras devoradoras de carne que arrojaban sobre el y nadando por zonas donde el camino se volvía mas angosto y el agua le llegaba prácticamente al cuello.

Avanzaba no sabía muy bien hacia donde y parecía que la desesperación se estaba apoderando de el cuando entre el fango percibió un brillo, resultó ser una piedra de navegación solar pero imbuida de algún tipo de sortilegio que hacía que brillara aun en ausencia del sol y parecía indicarle un camino a seguir con su luminosidad…

Al levantar la cabeza el paisaje había cambiado de nuevo se extendía ante el un paisaje imposible:

Un gran valle con un río dorado que nacía de una montaña formada por estructuras cubicas como piedras de gigante bajo un cielo rojo y ominoso.

Avanzo hacia la montaña cada vez más confundido pero guiado por la piedra de navegante cuando algo le paro el paso. -Alto ahí le dijo solo los malditos o los tocados pueden entrar en el Valle de Naghat.

¿Qué es eso que traes contigo?

Dijo señalando el saco que le había dado a Pellejo la dama de la telaraña, mientras avanzaba hacia el desvainando una espada curva diseñada para destripar enemigos, se trataba de un ser enmascarado con una larga túnica negra con ribetes dorados y extraños símbolos roída por el tiempo. Al acercarse más Pellejo comprendió que era un espectro y corrió a sacar su mandoble para batirse en duelo cuando de repente sintió un mordisco en el cuello que lo lleno de dolor como si le clavaran un hierro ardiendo cerró los ojos y cuando los abrió despertó empapado en sudor en su cama… Una extraña araña blanca del tamaño de una cabeza humana frente a el mirándolo cara a cara con una mirada de ojos en los que se reflejaba Pellejo, era un ser blanquecino cubierto con extrañas runas cuyo origen era desconocido y de alguna manera sin emitir palabra ninguna mientras la miraba en la oscuridad de su cabaña solamente iluminado por la tenue luz de una vela:
-Tranquilo has superado la prueba…